Categoría que agrupa razas habitualmente consideradas grandes y potentes, con consideraciones específicas de manejo, seguro y permisos municipales.
Perro potencialmente peligroso (PPP) es la denominación habitual en España para una categoría que agrupa determinadas razas grandes o potentes y, en general, cualquier perro que por musculatura, mandíbula o por haber tenido incidentes previos encaje en los criterios habituales. Adoptar un perro de esta categoría es perfectamente posible, pero conviene conocer de antemano las consideraciones prácticas que implica.
Entre las razas que suelen considerarse PPP están el Pit Bull Terrier, el Staffordshire Bull Terrier, el American Staffordshire Terrier, el Rottweiler, el Dogo Argentino, el Fila Brasileiro, el Tosa Inu y el Akita Inu, así como sus cruces. En algunos sitios la lista incluye además otras razas como el Bullmastiff, el Dóberman o el Presa Canario. Como esto cambia según la zona, conviene consultar siempre lo que se pide en tu localidad antes de adoptar.
En la práctica, lo normal es que a los dueños les pidan una licencia, un seguro de responsabilidad civil con buena cobertura y, en muchos casos, algún certificado que acredite que están en condiciones de hacerse cargo del animal. El trámite suele hacerse en el ayuntamiento y a menudo va acompañado del alta del perro en un registro municipal.
En la vía pública, lo habitual es llevar bozal adecuado a la raza, una correa corta y resistente y pasearlo de uno en uno con una persona adulta. En la vivienda, debe estar en un entorno seguro que impida su salida descontrolada. Estas precauciones son sentido común con cualquier perro grande, pero en el caso de un PPP suelen pedirlas de forma expresa en muchas localidades.
Pese a la carga burocrática, adoptar un perro PPP es una opción muy valorada en el sector del rescate. Estos perros se llevan la peor parte del abandono: pocas familias se animan a adoptarlos por miedo o desconocimiento, y pasan años en refugio. La realidad es que la peligrosidad de un perro depende sobre todo de su educación, socialización y de la responsabilidad de la familia, no de su raza. Bien manejados, son perros equilibrados, leales y con muchísimo que dar. La protectora suele acompañar al adoptante en los trámites locales y orienta sobre educación canina con profesional, algo recomendable para cualquier perro grande, sea PPP o no.
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